Todo el que veía a Rita entrar a un lugar de manera espontánea y sin intención de quedarse mirando, se quedaba prendado.
Y estamos hablando aquí de hombres y mujeres, que la podían admirar por distintos motivos. Ya sea por lo hermosa que era, lo alta, esbelta y elegante de su caminar, por esa cabellera color fuego que con el movimiento del viento te obligaba a mirar y; ¿porque no? Aparte de todo, era muy simpática, y para rematar sensual. ¡Que combo!
Rita emanaba seguridad, éxito y una personalidad relajada ante los problemas. Pero poco dejaba ver a los demás lo que ocurría detrás de las cortinas de su escondida vida privada. Sonreía, quedaba, y se mezclaba con los demás lo necesario para ser parte de un grupo de salidas ocasionales, pero no lo suficiente como para dejarse conocer. Es que ni siquiera podía pensar en una persona a la que pudiera llamar amiga. Y ella lo prefería así. Disfrutaba de la imagen que tenía ante los demás, le daba fuerza en sus momentos más bajos. Y le gustaba pensar que su vida era siempre así…admirada ... respetada … intocable para los demás.
Pero no era intocable para todo el mundo.
Una vez pasaba el umbral de su casa y cerraba la puerta un “monstruo” la esperaba, hambriento por consumirla por completo no solo su cuerpo si no su alma. Y así había sido por 10 años.
Con dos metros de alto, su corpulento cuerpo podía superar el de ella fácilmente. Mauricio había logrado retener a Rita por 10 años, con idas y venidas. Y mucha manipulación. Habían pasado por muchas peleas y gritos, y por supuesto lo que aun los sostenía, las reconciliaciones. Pero esta vez se encontraban en una situación diferente…
- Por fin llego a casa. ¡Y a buena hora! ¡Mauricio debe estar trabajando así que otro día superado! No tengo que verle por hoy.
Entro en la casa cansada de la cháchara del día, mi piso, bueno nuestro piso que había decidido equivocadamente comprar este año y juntos me esperaba vacío y oscuro. Me gustaba la sensación de llegar, dejarlo todo y darme una larga ducha y ese era mi plan con una copa de vino por supuesto.
Mientras se llenaba la ducha suspiraba de deseo por sumergirme en esas aguas tan calientes que casi me quemaran por completo. Me gustaba el fuego el calor y me llenaba de energía. Entro en mi habitación y empiezo a quitarme la ropa prenda por prenda, poco a poco sintiendo como la tela me recorre y abandona por completo dejándome desnuda en pocos segundos.
Me gustaba bastante mi cuerpo, mis senos eran grandes, suaves y mis pezones siempre apuntando. Era consciente de eso y no la única, con las camisas tan finas que usaba se dejaban ver un poco apretando contra la tela y ponía nerviosos a mis compañeros de trabajo. Mi comisura de los labios se eleva ante ese pensamiento, pues a más de uno, hasta los respetados directores han sufrido de una leve desviación de mirada a mi escote.
Vuelvo en mí y pienso, hoy es uno de esos días. Necesito evadirme por un rato. Sin darme cuenta, me había apoyado contra la pared y estaba frotando con movimientos suaves mis senos, tocando, apretando, uff y como mataría por una boca caliente que hiciera el trabajo... pero se sentía bien. Me empiezo a reír de mí misma y miro por la ventana, viendo una cara de expectación y ojos de plato de mi vecino de enfrente que me estaba mirando. ¿Y cuánto tiempo tenía así? Por diossss si es que he estado desvistiéndome y todo este tiempo frente a la ventana de mi habitación. Cuando me voy a poner detrás de una pared o algo, – mi vecino- se levanta con una erección masiva que sostiene con su mano.
Me mira con ojos de deseo como tanteándome e invitándome a seguir, su mano sube y baja recorriendo su gran miembro de arriba abajo reclamándome con la mirada que me toque para él. Sorprendida, pero llena de excitación bajo mi mano, mi entrepierna esta mojada y mi sexo húmedo, me inclino un poco para dejarle ver lo que había ocasionado. Su excitación aumenta, y las estocada en su mano son más poderosas. Introduzco mi dedos una y otra vez, jugando con mi clítoris suavemente, ladeo mi cabeza para verle, juego un poco con él y le muestro mi lengua como si lamiera su miembro, como seria si lo tuviese allí, su mirada ardiente de deseo me recorre, y le doy otra vista a mi senos jugando con mis pezones, gimiendo de placer le invito a llegar y no faltaba mucho, en segundos lanzo hacia la ventana una explosión de placer de jugo blanco que algún día tomaría con gusto.
Me río de la situación tan excitante, pero yo no he conseguido llegar, el busca mi mirada, pero cierro la cortina antes dejándole en ascuas, ya otro día me pagara por dejarme caliente y húmeda.
- ¿Así que te gusta dar espectáculos? A gatita. ¿Tú no sabes que eres solo mía Rita?
Me volteo rápidamente y no logro verlo, pero es la voz de Mauricio, una voz oscura, molesta y cortante. No puedo con más sorpresas este día. Y es que desde cuando estaba allí en la habitación. Oh por dios y si me había visto….
No tuve que dudarlo, por su expresión sí que había visto todo.
He estado sentando aquí esperándote, pensé que estaban dando un espectáculo para mí, pero veo que otros se han aprovechado del momento. Ahora bien, -con una voz más oscuro y ronca- vamos a enmendar esta situación, tú sabes lo que me gusta Rita y mis caprichos, y hoy no rechistas porque me lo debes sino cumples mis deseos.
Lo miro. Su excitación estaba palpitante, ardiente de deseo, de dominación, a punto de arrancar los botones de sus vaqueros. Sin avisar, se acerca a mi e introduce sus dedos en mi sexo con fuerza, con un movimiento constante y rápido, hasta que mis piernas tiemblan y no me puedo sostener. -Túmbate en la cama- me susurra al oído, ahora mismo vas a humedecerte más y más y va a ser por mí, te lo recordare toda la noche hasta que aprendas la lección. -Empiezo a sentir un calor y la fricción me va a hacer llegar pronto. Pero la aguanto. No le daré el placer... Siento sus dedos abandonar mi cavidad, y la cremallera bajar. Su miembro estaba erecto, era masivo y adictivo. ¿Esto es lo que te gusta, no Rita? Pasea sus manos de arriba abajo y tarda unos segundos en hacerlo. Al mirarme se le forma una sonrisa en la comisura de sus labios de satisfacción y me penetra sin piedad, siento su grosor ensancharme y visitar todos mis rincones, me acostumbro a su tamaño e incontrolablemente empiezo a moverme contra el pidiendo más; Y, en ese momento estoy completamente en sus manos.
Con un movimiento brusco me da vuelta, y me penetra nuevamente. Acerca su boca y muerde uno de mis pezones. Empiezo a gemir y quiero más…Mauricio vamos tú sabes cómo me gusta. Rayos! Hable en voz alta. - ¿Si que lo se rita, pero te lo mereces? Gimo de placer cuando abre su boca y toma mi seno chupando sin control, su saliva me calienta y su lengua me tienta. Esto no es todo lo que voy a comer hoy así que prepárate. Sube un poco más y me toma en su boca, nos besamos profundo y largo dejándome sin respiración, mientras sigue penetrando con más fuerza y más profundo. Mis gemidos ahogados dentro de su boca le hacen parar. No vas a llegar tan rápido, me como tus gemidos y me como tu orgasmo. Saca su miembro y sosteniendo la mirada baja poco a poco rozando mi piel con su boca, el estómago, la entrepierna…lame con su basta lengua y ve mi sexo húmedo e impaciente. Decide tomarse su tiempo, y yo ya no puedo más. Gimo demandando el toque de su lengua y responde a mi llamado. Toca mi clítoris saboreando con movimientos suaves, tomo su cabeza y empiezo a moverla. Mauricio responde y con fuerza me come por completo, introduce su lengua una y otra vez, introduce sus dedos haciendo un movimiento constante que me acerca a la gloria. Entreabro mis ojos viéndole, otra vez la sonrisa en la comisura de sus labios, veo que dice algo, pero no logro entenderlo, solo le siento parar por completo, mirarme con recelo y desdén y cerrar la puerta de la habitación dejándome a medio camino…y ahí estaba, esta era su forma de castigarme.
Cuando logro recuperar el aliento, salgo pitando por la puerta, le reclamo su actitud, pero me quedo en seco cuando me fulmina con la mirada y golpea la pared, los pedazos del pladur cayendo al piso y ya recuerdo su temperamento. Eran 10 años, no todos malos, pero ahora solo conectábamos en nuestros “encuentros” que eran cada vez menos, y ahora ni eso. Y aun así me reclamaba como suya. Vamos Mauricio si aquí ya no hay nada. Es mejor separarnos y seguir nuestros caminos. Esto no está funcionando. ¡Por favor, Rita! ¡Tú eres mía! Y si me dices que esto no funciona creo que te hice funcionar muy bien allá adentro. Pero necesitabas una lección. No te dejare ir gatita, me perteneces y harás bien en recordarlo, solo… tienes que portarte bien.
Frustrada resoplo. -No puedo con esta situación, ni el juego psicológico Mauricio, ¡necesito el aire! Antes que pudiera reaccionar o pararme ya estaba dentro del ascensor alejándome de mi pesadilla.
Siempre caigo en lo mismo, me siento atrapada de tantas formas. Esto no debe ser saludable, pero vaya el día tan movidito que he tenido. Mi mente siguió hablando sin parar mientras caminaba varias cuadras sintiendo el aire fresco cambiar, ya se acercaba el verano y con el promesas de cambio, o eso quería pensar. ¡Así es! mañana tenía una cita importante. Una entrevista de trabajo con un tal Peter de una empresa de exportación de telas desde Asia. Recuerdo cuando vi el anuncio, me pareció que era para mí, un entorno internacional, crecimiento profesional, idiomas y a parte se viajaba dos a tres veces al año. ¡Si! alejarme, conocer el mundo, eso necesito.
De un momento a otro todo puede cambiar y ahora disfrutando de sentir la brisa en mi cuerpo que hacía volar mi cabello de fuego pensaba en tiempos mejores… nunca imagine que a partir de esa entrevista la vida se me complicaría aún más….


0 Comentarios