Odio el senderismo, las caminatas, los insectos y las montañas. Sencillamente no me gustan y no van conmigo y es que ese tipo de actividad me hace sentir desganada como perdiendo mi energía rápidamente, llegando a un punto donde mi tensión baja atrayendo miradas y pasando vergüenza… No me gusta, me voy poniendo pálida hasta que quedo como un muñeco de trapo donde todo el mundo me ve y empieza a ofrecerme chocolates y bebidas para reanimarme. SI, así soy y todo el que me conoce lo sabe pero por alguna razón mi querida hermana cada cierto tiempo le da amnesia selectiva y lo olvida, montándome una mega llorona para que la acompañe a uno de sus paseos absurdos donde quedaré adolorida por una semana y ella disfrutará un montón. Yupi!
El plan de esta vez incluía a un chico llamado Darío, un compañero de la universidad que la seguía a todos lados y que por primera vez habían cuadrado una salida juntos así que mi hermanita necesitaba chaperona aunque no fuera voluntaria y como no tengo fuerza de voluntad accedí a acompañarla.
A las 5 de la mañana me levantaron para darme un bolsito con agua y un sándwich - súper divertido- nos dejaron a las 5.20 en la entrada de la subida La Julia para que empezara nuestra travesía. Darío solo tenía ojos para Giselle y como un perrito donde ella pisaba lo hacia él, muy tiernos se veían. Poco a poco los empecé a ver cada vez más lejos y aunque quisiera ir más rápido mi condición de tortuga me lo impedía así que no iba a acelerar el ritmo, la subida de La Julia consistía en varias pendientes cortas pero muy empinadas que llegaban a un descanso el cual esperaba con ansias en cada esquina que cruzaba. Mi hermana en estos paseos desarrollaba un estilo de cohete que hacía que subiera a propulsión razón por la que desde hace media hora no la veía entonces quedamos en encontrarnos en el área de descanso, un área que nunca llegó hasta 2 horas después cuando me aferré al letrero de La Julia agotada, sedienta y hambrienta viendo a lo lejos a mi hermana muy activa con un grupo grande de excursionistas excitados por una cueva de no sé quién.
-Minaaaa… al fin llegaste ¿Cómo te sientes? ¿Todo bien? Revolotea Giselle como un colibrí a mí alrededor mientras trato de recuperarme. – Necesito sentarme Elle, estoy muerta. ¿Qué está pasando por allá? ¿Quiénes son? Veo sus ojos color miel brillando mientras me habla a mil por hora. – No vas a creer con quien me encontré, recuerdas a Fabio mi amigo que está en el Centro de excursionistas de Caracas pues organizó una excursión hoy hacia a la cueva Emilia ¿¡No es increíble?! Es la que he estado investigando hace meses Mina ¡Quiero ir quiero ir! por fa por fa salen en 20 minutos y es súper cerca nada como Naiguatá y en 2 horas ya estaremos bajando, va a ser muy rápido y divertido. Me sentía mareada y aturdida con su acelerada emoción. – ¿Qué dice Darío? Le pregunto aunque ya se la respuesta. –Está encantado y emocionado quiere ir de verdad no solo por mi sino que realmente quiere ir. Volteo los ojos y veo a un Darío sentado tomando agua con la respiración todavía agitada, con su contextura pareciera que se lo fuera a llevar una brisa así que esa verdadera emoción por ir a esta cueva solo se traduce como Quiero pasar más tiempo con Giselle – ¿Es necesario que yo vaya? Vas a estar con un grupo grande Elle. Mi hermana usa su tono suplicante en mi - NOOO por favor no me dejes sola si vienes te prometo que en todo el año no te pediré que me acompañes a ninguna actividad. Eso si me interesaba, el verdadero incentivo había salido y sabía que cuando Elle decía algo lo cumplía así que no me importo sacrificar 1 día por 1 año de paz - ¿Cuándo arrancamos? –Se tiro sobre mi dándome el mega abrazo de hermanas y se fue brincando- SIIII que emoción déjame avisarle a Fabio.
Un breve descanso después arrancamos con un grupo de 20 personas muy animadas hacia la supuesta Cueva Emilia y como siempre pasaba fui quedándome atrás pensando que mi hermana compartía el propulsor de montañas con todos menos conmigo, aun así no me sentía sola ya que Elle me hacia sonidos de ave cada cierto tiempo para saber que seguía cerca del grupo, mi respuesta kakaaa kakaaa nos mantenía comunicadas en todo el camino.
Tenía como una hora caminando y la subida me estaba matando, las piernas me dolían el sudor corría por mi espalda y los mosquitos estaban haciendo fiesta conmigo. Estaba cansada y solo escuchaba mi respiración agitada cosa que me perturbaba. ¿Me aleje tanto del grupo? ¿Dónde están? empecé a llamar a mi hermana KaKaaaa KaKaaaaa… no recibía respuesta y me preocupaba, aceleré el ritmo hacia arriba por la pendiente llegando a mi limite y sosteniéndome al primer árbol que vi al llegar arriba, estaba mareándome viendo puntos negros me encontraba sin energía y completamente sola.
¡La vista que me recibía era espectacular! arboles delgados y altos que cubrían la montaña protegiéndome del sol y creando un clima fresco, ya no había más pendientes por lo que tocaba bajar un camino estrecho donde pude ver las múltiples pisadas del grupo aunque no lograba verlos a la distancia.
Tomando una respiración profunda empecé a caminar y me fui recuperando poco a poco con el agua y los chocolates que mi hermana metió en mi mochila, continué bajando a un ritmo pausado que me permitía disfrutar del paisaje… esto podría gustarme… había una calma y tranquilidad que me rodeaba así como múltiples olores y colores que me hacían sentir renovada, me apuntaría totalmente para este tipo de paseo solo de bajada y sin sol achicharrándote o mosquitos comiéndote.
No sabía dónde mirar ya que todo era muy mágico y estaba envolviéndome lentamente, me sentía tranquila y en paz con mis pasos seguros y confiados, demasiado confiados para que distraídamente no viera el tronco hueco que pise haciéndome perder el equilibrio, la rama que agarre tampoco colaboró con mi causa ya que se partió y terminé cayendo por una pendiente hacia la base de los arboles altos que tanto me gustaron, mi hombro recibió el mayor impacto haciéndome rebotar y seguir rodando, bajando muy rápido me clavaba ramitas y piedras que sentía en mi piel desprotegida, definitivamente la naturaleza trataba de detenerme cruzando todo tipo de cosas en mi camino. Todo paso muy rápido aunque para mí fue una eternidad, no veía nada y me encontraba mareada pero estaba segura que la naturaleza gano al colocar un gran tronco para detener mi caída. Un dolor muy fuerte subió por mi columna y creo que escuche un crack, me dolía todo el cuerpo y veía puntitos negros bailando en mis ojos. Todo me daba vueltas y como por arte de magia ya no sentí más dolor.
Me había desmayado.
Algo me despertó de golpe cada movimiento dolía haciendo que mis ojos se llenaran de lagrimas y no enfocaran bien, sentía que rebotaba pero no entendía porque las nauseas aumentaban pensando en el sándwich que comí en la mañana, algo se estaba clavando en mi abdomen y sabia que estaba a punto de tirar mi estomago. Estire mi mano para apoyarme queriendo controlar el movimiento, mi mano llegó a algo suave y duro ¡qué extraño! volví a tocar detallando su forma era algo redondeado totalmente liso y muy suave que se movía con el movimiento. Involuntariamente apreté y lo supe ¡Dios mío era una nalga! Estaba tocando la nalga de alguien que no tenía ropa interior. Intente levantarme y enfocando vi debajo de mi una espalda ancha y tonificada que se reducía a una cintura apretada hasta llegar a una especie de taparrabos que cubría un generoso trasero. ¿Qué es esto? Gemí, estaba asustada… no sabía dónde estaba ni si me estaban ayudando o algo peor.
Me sentía perdida pero saque fuerzas y le hable al que me llevaba como un saco de papas.
-Disculpe… uhmm… Gracias por salvarme pero me podría bajar, puedo caminar ¿sabe? y de verdad no quiero vomitar su hermoso taparrabos.
Mi salvador se detuvo bruscamente haciendo que la bilis subiera de golpe por mi garganta, rápidamente trague y lleve la mano a mi boca para no avergonzarme mientras sentía que me iban enderezando… Gracias dios…pude respirar mejor y me sostuve de unos hombros anchísimos y oscuros como el chocolate. Baje mi mirada a su cabello negro puro y brillante que caía hacia un lado de su cuerpo casi llegando hasta su cintura, mis ojos quedaron embelesados hasta que recordé donde estaba y subí mi mirada a una cara seria con unos ojos color negro turbio. Tenía unas manos grandes que sostenían mi trasero como si no pesara nada y lo disfrutaría en otras circunstancias, pero hoy yo solo quería ir a mi casa y descansar en mi cama.
Empuje su pecho para ganar espacio entre los dos –Ya me puede soltar, estoy bien. Una total mentira ya que me dolía todo. Siguió mirándome sin hacer ningún movimiento y me empecé a poner nerviosa. –De verdad estoy muy agradecida, mi hermana esta cerca y cualquier inconveniente que le haya causado le puede pagar. Nada, no había reacción sus manos seguían sosteniendo mis nalgas fuertemente aumentando mi agitación. Ya no quería estar aquí. Empuje su pecho varias veces y mis piernas intentaron patearlo, me sentía un poco como un gusano removiéndome- Quiero que me bajes, suéltame ahora mismo…me quiero ir a mi casa. Al poco tiempo estaba llorando y gritándole quedándome poco a poco sin energía, me seguía doliendo todo el cuerpo y me fui debilitando apoyando mi cabeza en su hombro mientras mis lágrimas rodaban por su pecho.
Me estaba acariciando el cabello y eso me hacia querer llorar mas. –Déjame ir…
-NO. Su voz retumbo en mí profundamente.
Empezó a caminar sin detenerse por mi llanto o gritos, siguió adentrándose en la montaña hacia arboles mas tupidos y altos que nos cubrían como un manto con cada paso que daba. El sol por el que tanto me quejaba me estaba abandonando tapado por los arboles y dejando solo una tenue luz, veía hacia los lados buscando pistas o caminos para tratar de guiarme hacia alguna vía de regreso a mi hermana pero no reconocía nada. Estaba perdida
Mi agitación empeoró cuando vi que nuestro destino final era una piedra gigante cubierta de plantas con una entrada oscura que a cada paso se hacía más y más grande como una boca a punto de tragarnos.
Sus fuertes brazos me sostuvieron más fuerte cortando mi aire y los puntos negros volvieron a aparecer pero esta vez los acepté con gusto. No quería ver que pasaría y ya había agotado todas mis fuerzas para pelear dejando mi garganta en carne viva por mis gritos y llanto. Me sentía golpeada y adolorida así que le di la bienvenida al sueño y todo se volvió negro, sin saber si fue por el desmayo o por la cueva que nos daba la bienvenida.
Me quede dormida con un solo pensamiento cuando salga de esta voy a matar a mi hermana
Continuará...


0 Comentarios