De niña soñaba con mundos increíbles, con los ojos fijos en las estrellas mi mente vagaba hacia arriba anulando mi realidad, flotando hacia un mar brillante de estrellas pasaba mi tiempo libre sentada en la ventana con la mirada perdida, creando historias de aventuras y viajes interestelares, universos increíbles donde era libre, donde podía sentir el viento, los olores, los colores y sabores de mi universo inventado.
Una hermosa mentira Una mentira que a veces compartía con mis compañeras de celda, perdón… mis hermanas de celda, todas reclusas de una casa hogar. Llamadas basura, niñas desechadas, somos las no queridas, las explotadas y usadas por un sistema cruel y ambicioso. Criadas desde pequeñas para ser delincuentes, criminales, mulas y a veces prostitutas. Lo que quisieran de nosotras lo hacíamos, no teníamos poder sobre nuestras vidas, estando a merced de un estado corrupto lo que llamábamos hogar estaba en todo el centro de la mugre.
Viviendo en pesadillas y traumas constantes moldearon nuestras mentes y cuerpos para su beneficio, todo lo que hacíamos era con un fin, sin importarles nada, sus marionetas nos llamaban, algunas rotas y otras aguantando.
Nos encontrábamos al otro lado de la valla, una valla donde siempre teníamos la mano perdedora del juego, usadas como un puente en busca de más, más poder, más dinero, más estatus, más secretos, más beneficios y lujos para el empleador,
obedecer y cumplir sin importar el maltrato… ese era nuestro lema, pero… ¿Y si no obedecíamos? ¿Si no cumplíamos? Un infierno aun peor nos esperaba. El motivo por el que éramos tan pocas.
Seguí mirando las estrellas y pensando en todo lo vivido, como he logrado atravesar un camino fangoso plagado de dolor y muerte. Estirando mi dedos para llegar a la meta final, a este preciso momento “La Jubilación”, así la llaman, enseñándonos desde pequeñas que todo lo que hacíamos no importaba porque al final del camino íbamos a ser recompensadas, pintándonos la jubilación como algo bueno, como el paraíso después de vivir en el infierno…
¡Y una mierda!...algunas crédulas se aferraban a la idea de la jubilación, pensando que sería la salvación después de una vida miserable, yo no…
Se claramente a lo que me enfrento mañana, internamente lo llamo la limpieza, sin cabos sueltos, eso es en lo que nos convertimos una vez que llegamos a los 18 años, la edad de la adultez, los dulce 18 donde el sistema te libera a tu suerte, ya no dependiente del estado y tus tutores y la casa hogar.
Una farsa No hay libertad para alguien con conocimiento, el saber para nosotras no es poder. Nos convertimos en un riesgo y al final lo único que les importa es evitar las pérdidas de la casa hogar, no nos pueden liberar y proceden a controlar las fugas, años de estrategias, organizaciones, contratos, contactos que no deben salir a la luz, eso es lo que nos llevamos al mundo exterior si salimos y para ellos es mejor sepultarnos.
Ese es el motivo de la limpieza
Ese es el motivo por el que voy a ser vendida mañana La subasta es programada un mes antes de cumplir la mayoría de edad y somos entregadas a nuestro destino un día antes de cumplir años, la casa se encarga de montar un show exclusivo y mostrarnos como el mejor producto del mercado, con un contrato amplio para que el nuevo propietario tenga total libertad de uso. La casa cumple y obtiene su limpieza llenándose los bolsillos y afianzando relaciones con los compradores. No hay pérdida para la casa, solo ganancia.
Hace 2 semanas que conozco el nombre de mi dueño, nunca me he cruzado con él en el bajo mundo pero su reputación lo precede, lo llaman Komodo, un general cruel y despiadado, un monstruo para asustar monstruos.
Natasha se acerca a mi ventana, sentándose frente a mí, sus ojos brillantes y ansiosos…la crédula numero uno.
-¿Preparada para mañana?
La miro con desdén.-Seguro
-¿Sabes quién te tendrá? Me pregunta suavemente, como si fuéramos confidentes.
Asiento con la cabeza sin dejar de ver mis estrellas y le digo – Tarvos…
Sus ojos se amplían con mi respuesta – Ganaste uno importante… La miro resignada, hace mucho tiempo Natasha tuvo una mente clara, ahora es un producto adoctrinado más, una seguidora fiel de la casa hogar.
-Lo vi una vez, me susurra. Fue suficiente para mí, reactivó mis pesadillas que luche tanto por mantener a raya.
-¿Toda una joya no? Le digo fastidiada
-La más oscura de todas. Me dice mirándome fijamente, hay algo… un brillo en sus ojos muy cerca del fanatismo -¿Kaysa? ¿Vas a ir dócilmente a la entrega?
- Me conoces Nat… ¿Tu qué crees?
Nunca me entregaría dócilmente Me lanza un suspiro resignado y por primera vez noto una pizca de tristeza en sus ojos –Entonces creo que tome la decisión correcta- Siento el roce sutil de su mano contra la mía, mi mirada fija en la de ella viendo como aparece la culpa en sus ojos.
MIERDA un sedante
-Traidora… intento decirle antes de adormecerme.
-La casa nunca pierde Kaysa, siempre tiene un seguro de respaldo y el general está decidido a obtener su producto en buen estado.
Drogada y vendida sin poder hacer nada... fue mi último pensamiento antes de caer inconsciente
Fui despertando en mi nueva prisión, luchando por recuperar mis sentidos, mi mente se sentía embotada, estaba mareada y controlaba a duras penas las ganas de expulsar mis entrañas, hice un gran esfuerzo para abrir los ojos y detallar mi entorno, primero vi los colores, combinaciones que me recordaban a desiertos y bosques, todo unido, verdes profundos y ricos marrones, agudice mis sentidos y seguí analizando lo que pudiera de mi celda, me encontraba en una habitación, una inmensa y lujosa con la cama más grande y cómoda que he visto o sentido, un colchón de nubes. Mire hacia abajo y agradecí no encontrarme desnuda, en cambio estaba vestida con una túnica verde cruzada en mi cintura.
También tenía una reputación propia comprobando el porqué estaba encadenada al tope de la cama, gruesas esposas se comían mis pequeñas muñecas haciéndome gracia, no conocía esta tecnología pero imaginaba que era para lo mismo que las otras, mis tobillos también tenían adornos, aros dorados me rodeaban cada tobillo haciéndome lucir exótica, definitivamente no eran para adornar mi cuerpo, emitían una vibración baja que me alertaba, si me portaba mal la electricidad iba a hacer el intento de corregirme.
Recuperados todos mis sentidos y parte de mi fuerza gire hacia la presencia oscura que se escondía en la esquina de la habitación, su oscuridad fue lo primero que sentí al despertar penetrándome con su mirada, sin hacer ningún sonido pero llenando de energía contenida toda el cuarto. Con que este es mi dueño
La energía cambio y me prepare, vi su bota saliendo de la oscuridad y mostrándose ante mí, fui subiendo la mirada notando su cuerpo, era grande, muy grueso, con mucho musculo que se mostraba a través de su uniforme, estaba todo cubierto con un material que se le adhería como una segunda piel, no dio otro paso, se quedo en el sitio muy quieto, sin hacer ruido como un depredador viendo a su presa, presionándome para que lo mire, que lo reconozca como mi dueño. En mi mente preparé mi estrategia, todos los posibles escenarios y quemando por dentro de anticipación subí rápidamente la mirada para conectar con la suya…todo en mi se congelo… el tiempo deteniéndose...
no podía ser... era imposible, un clan extinto, mis uñas se clavaron en mis manos cerrándolas con fuerza para no delatar mi inquietud, un nervio se movió en mi ojo derecho, el único indicativo de mi estado de alarma, su boca se ladeo dándome una sonrisa torcida que me perturbo.
-Sabes que soy. Dijo Tarvos en voz baja
Me mantuve inmóvil, su tono ultra bajo viajando por mis terminaciones, cada paso lo acercaba más a mí obligándome a aferrar mi posición y no mostrar debilidad ante él.
Sabía lo que era, mi mente corría buscando alternativas pero internamente estaba desmoronándome, gotas de sudor bajaban por mi espalda reconociendo mi situación, no tenia opción, estaba atrapada, retenida.
Se acerco al copete de la cama y estirando su mano toco un botón en la parte superior que hizo que mis brazos se separaran y anclaran con fuerza en cada esquina, mis músculos ardieron del tirón, me sentía un poco como Jesús crucificado, no era una buena posición, me obligaba a mantenerme abierta a él impidiéndome defenderme. Conocía a su especie de las clases que nos dieron y sabia lo que iba a hacer a continuación.
Estaba jodida Clavo una rodilla en la cama, su mano yendo a mi mandíbula apretando hasta el dolor, ni un sonido salió de mis labios mis ojos clavados en los suyos, sentía sus manos ásperas contra mi rostro sus uñas clavándose en mi mandíbula intentando forzarme, no cedí y apreté mi mandíbula hasta sentir que podía partir mis dientes, mi boca no se abriría a él.
Me miro con impaciente-Así que lo quieres difícil.
Mis ojos echaron fuego o lo intentaron, su mano bajo a mi cuello…sosteniéndolo y apretando, me estaba cortando el aire lentamente, asfixiándome, tenía que aguantar, lo intente pero no pude detener mi instinto de supervivencia y abrí la boca, mi cuello se aflojo y aspire aire inmediatamente su lengua entro en mi boca, grite por la intrusión, su mano entro en mi cabello sosteniendo mi cabeza mientras saqueaba mi boca, su lengua caliente y viscosa recorriendo su camino dentro de mí, su sabor picante y su larga lengua me tenían descontrolada no podía seguir el ritmo de su ataque, por un segundo tuve la tentación de morderlo pero así como me atacó rápidamente se detuvo, dejándome vacía y mareada, un escalofrío subía por mi columna mientras se acercaba a mi oído y me susurraba gravemente
–Espero con ansias que vivas Kaysa.-
Mi cuerpo se incendio y colapso.
Tarvos Arpaktiko me había besado.
Un dragón de Komodo me había devorado.
Su veneno entrando en mi organismo y sin saber si viviría mañana
Seguir a capítulo 2
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